Silo-pressenzaTítuto: Silo
Dirección: Leandro Bartoletti
Clasificación: ATP
Duración: 98 minutos
Género: Documental
Distribuidora: Independiente
Origen:
Argentina
Año Realización:
2015
Fecha de estreno:
17/09/2015

Puntaje: 8 (ocho)

Por Pablo Arahuete

Hay tres dichos populares que se entrecruzan para tratar de encontrar al menos un horizonte y abarcar al polifacético mendocino Mario Luis Rodríguez Cobos, cuyo apodo trascendió fronteras y corazones por diferentes espacios del planeta y se sintetizó en una palabra de cuatro letras: Silo.

Estreno el 17 de septiembre en el Espacio INCAA Km 0, Cine Gaumont, Rivadavia 1635.

Grafitis callejeros, no sólo en argentina, sino por ejemplo en Roma o París, encuentros multitudinarios en montañas o extraños parajes de diferentes países, dejan reflejada que la obra del fundador del Movimiento Humanista devenido Partido Humanista, sembró semillas de conciencia, transmitió una filosofía de vida y un contra poder sumamente subversivo para los convencionalismos políticos aún vigentes. Por lo tanto, el primer dicho popular para acercarse a Silo es “nadie es profeta en su tierra”.

Su prédica se extiende desde el trabajo con grupos bajo una disciplina donde laSILO_BLOQUE_16 F idea de maestro y discípulo es abolida y que fuera a lo largo de las décadas estigmatizada por la mala prensa, con la asociación de secta o perseguida por el poder de turno, mucho más en tiempos de dictadura. Algunos los caratulaban de loco, otros sencillamente de manipulador, en contraposición a aquellos que asimilaron sus palabras y enseñanzas en distintos libros o charlas al aire libre. El segundo dicho popular entonces es: “que muchas veces los locos son los únicos que dicen la verdad”

El documental de Leandro Bartoletti, que suma las voces en off de Gastón Pauls y Osmar Núñez, como narradores privilegiados, parte de la base del misterio, no juzga ni ensalza a Silo más que desde los testimonios de sus allegados, una recopilación de archivo televisivo, donde se reconoce, por ejemplo a Mónica Cahen D’Anvers, joven y en blanco y negro, al peruano ya fallecido en 2010 Hugo Guerrero Marthineitz, hasta entrevistadores chilenos o rusos, entre tantos otros. En esas perlas, el propio Silo, desde sus contestaciones no impostadas y respuestas reflexivas arma y desarma su propio mito, sintetiza pensamientos con poesía y gana la atención de quien se anima a romper prejuicios y escuchar sin racionalismo mediante.

Por eso, y para culminar con este texto, el tercer dicho se suma y no es otro que “de poeta y loco todos tienen un poco”.

Silo, el documental, camina por el difuso sendero de la espiritualidad migrante, convence desde los testimonios y riguroso material de archivo, pero lo más importante: no se encarga de develar ningún misterio para que prevalezca la figura del hombre por encima del mito.

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